Fernando Velasco

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Repensar los servicios de inteligencia: aprendiendo de la sociedad

Repensar los servicios de inteligencia: aprendiendo de la sociedad

Consideramos que se trata de repensar el papel de los Servicios de Inteligencia y por tanto de la Inteligencia pero no como una mera adaptación al mundo actual a través de la transformación digital, sino como un cambio de mentalidad.

Hoy nadie duda que los problemas a resolver tienen que ser tratados de manera transversal  y desde diferentes perspectivas. Los cambios a los que estamos asistiendo por la globalización están generando transformaciones que afectan no solo a nuestras vidas, sino también a los Servicios de Inteligencia y a su forma de ser y de estar en la sociedad. Sociedad donde nadie sobrevive si no se reinventa. Ante los cambios en los que estamos inmersos, nadie por sí solo y los Servicios de Inteligencia tampoco, disponen de una guía y menos de recetas únicas para actuar. Todo esto nos lleva a tener que repensar la relación entre los Servicios de Inteligencia y la sociedad y los políticos. Por un lado, los Servicios de Inteligencia han desarrollado “agorafobia”: ese miedo a salir de casa, a abrirse. Considerar a los Servicios de Inteligencia como algo de naturaleza cerrada e inmutable lleva a importantes errores de comprensión y de actuación. El creerse autosuficientes, no es una metodología suficiente para un Servicios de Inteligencia. Es seguir viviendo y describiendo el mundo de forma incompleta. Es mantener una “visión estrecha” en una “banda ancha.”

Por otro lado, también supone un error por parte de la sociedad, pensar en los Servicios de Inteligencia de forma romántica. La imagen que los ciudadanos solemos tener de los Servicios de Inteligencia oscila, entre la idealización, la seducción, la admiración que nos transmiten el cine y la literatura y, por otra parte, la que recibimos de los medios de comunicación cuando informan sobre ellos. En muchos casos, se trata de informaciones sobre actividades que dejan mucho que desear y que llevan al ciudadano a dudar y a desconfiar de la actuación y de la finalidad de sus Servicios de Inteligencia. De todas las instituciones que conforman el organigrama del Estado, una de las más ignoradas es la de los Servicios de Inteligencia de los que se desconocía y se desconoce, aunque ya menos, prácticamente todo: su funcionamiento, sus competencias y controles en un Estado de Derecho; ¿Por qué y para qué necesitamos la Inteligencia en un mundo en el que la información está al alcance de cualquiera?; ¿Cuál es el valor añadido que justifica la existencia de un Servicios de Inteligencia?; ¿Por qué necesitan el secreto y poderes especiales los Servicios de Inteligencia?; ¿Por qué tiene el ciudadano que confiar en que sus Servicios de Inteligencia actúan legal y éticamente en beneficio de la estabilidad democrática? Y se culmina la radiografía de los  – Servicios de Inteligencia y sociedad- con la existencia de unos políticos poco formados y poco interesados en el ámbito de la Inteligencia.

Ante este panorama era y es esencial promover un debate sobre cómo lograr una relación positiva, sistematizada y distinta a la actual entre los Servicios de Inteligencia y la sociedad. Es fundamental y necesario un nuevo relato sobre cómo funcionan y deberían relacionarse los Servicios de Inteligencia con la sociedad. Es necesario que el ciudadano tome conciencia de la necesidad que tienen las democracias de contar con Servicios de Inteligencia, de su utilidad así como de la responsabilidad de los gobiernos en la utilización de sus Servicios de Inteligencia. Muy pocas veces se informa sobre la verdadera contribución de estos organismos a garantizar la estabilidad y la seguridad de las democracias. Es determinante el tomar conciencia de que el único modo que tiene un Servicios de Inteligencia de protegerse es dándose a conocer y formando a sus ciudadanos; es formando a la sociedad para que incluso comprenda qué quiere decir y hacer sus Servicios de Inteligencia cuando calla y actúa desde el secreto. Es clave el formar a la clase política.  Y es cada vez más urgente que para tomar conciencia para nuestras sociedades conceptos como ética, transparencia, confianza, reputación etc. van a ser claves en esta nueva Cultura de Inteligencia para que nuestros Servicios de Inteligencia no sólo sean eficaces sino también creíbles.

En España este reto se ha tratado de solventar a través de la denominada “Cultura de Inteligencia” con la creación de la Cátedra de Servicios de Inteligencia y Sistemas Democráticos fruto de un convenio de colaboración entre el Centro Nacional de Inteligencia (CNI) y la Universidad Rey Juan Carlos (URJC) y que ha ido incorporando universidades como la Carlos III, la Universidad de Valencia, la Universidad de Barcelona, la Universidad de Salamanca, la Universidad de Cádiz…así como otras instituciones, creando un trabajo en red. Durante estos 15 años se ha trabajado para que desde la Universidad española se potencien y se consideren las cuestiones relacionadas con el mundo de los Servicios de Inteligencia y mejorar la relación entre la sociedad y Servicios de Inteligencia. Para ello nos hemos centrado en las siguientes líneas de trabajo: formación, investigación, publicaciones y divulgación (congresos, seminarios, talleres etc.). Destacar respecto a la formación el Máster de Analista de Inteligencia, en su ya undécima edición y un referente en la formación de analistas. Respecto a las publicaciones, aparte de los respectivos libros sobre Inteligencia, Servicios de Inteligencia, Inteligencia Competitiva, etc. reseñar la revista: Intelligence, Security and Public Affairs.

En este mundo de hoy tenemos la necesidad y la responsabilidad de interactuar y de intercambiar ideas, experiencias y proyectos. Y sabemos muy bien que el prejuicio es hijo de la ignorancia. Incluso, consideramos legítimo que algunos se pregunten si esta forma de abrirse a la sociedad por parte de los Servicios de Inteligencia a través de la Cultura de Inteligencia no es una forma de acabar con la esencia de los Servicios de Inteligencia. Y tenemos que decir que no. Como ciudadanos necesitamos a esos Servicios de Inteligencia eficaces y anticipativos. Pero ya no sirve aquello de: “todo para el ciudadano pero sin el ciudadano.”

Consideramos que sería bueno recordar lo que dijo en el Foro Político Mundial celebrado en Bosco Marengo (Italia) Mijail Gorbachov: “Los políticos solos (y yo añado los Servicios de Inteligencia solos) no pueden abordar ni afrontar todos los desafíos que el mundo presenta hoy. La política  (y  los Servicios de Inteligencia) deben interactuar con la sociedad civil y la comunidad intelectual. En consecuencia, es absolutamente necesario e indispensable, un diálogo de alto espectro que nos ayude a desarrollar enfoques audaces y factibles para ser capaces de resolver los desafíos de nuestro mundo globalizado. Si esto ya era necesario en el 2002, hoy en el 2020 lo consideramos urgente. Trabajar no solo por una Cultura de Inteligencia en España sino también europea. En esto consiste nuestro trabajo y en que no nos tengan que reprochar como “pudiendo tanto nos atrevimos a tan poco.”

Repensar los servicios de inteligencia: aprendiendo de la sociedad

Análisis de un espectador culpable

Creo que hay que tener mucho valor o suficiente petulancia para creer que puedes enseñar algo, aunque sea a través de un blog. Estoy más bien con F. Pessoa en: “No enseñes nada porque aun lo tienes que aprender todo”.  Con el añadido de que hoy llamar la atención de la gente es muy complicado. “La atención humana” se está convirtiendo en un bien escaso. Así como la reflexión y el silencio.

En un mundo en el que todos estamos hiperconectados ya no hay un único ágora. La proliferación de canales, blogs, redes sociales, (Twitter, Facebook, WhatsApp etc.) desde donde poder transmitir ideas, propuestas, falsedades etc. es una realidad. Con la característica añadida de la velocidad. Antes de asimilar y de reflexionar sobre una propuesta esta ya ha sido suplantada por otra. ¿Cómo nos vamos a hacer cargo de la realidad en esta situación de sobreinformación? Donde cada vez más los hechos (lo que ocurre de verdad) ya casi no importan porque lo determinante es lo que se siente.

Además, los asuntos son tan complejos (economía, finanzas, medio ambiente, inteligencia artificial, inmigración…) que nos producen incertidumbre, miedo, ansiedad e inseguridad. No los entendemos en toda su dimensión  por lo cual no sabemos cómo orientarnos. A lo señalado es preciso añadir que las instituciones que tenemos (partidos, sindicatos, organizaciones…) tanto internacionales como nacionales ni producen credibilidad en los ciudadanos ni satisfacen sus legítimas necesidades. Ni encontrarnos líderes con la suficiente autoridad moral para convertirse en referente.

Quizás por todo ello necesitamos cada vez con más urgencia saber distinguir lo que es real y lo que es ficción; lo que es verdad de lo que es mentira; lo que es política de lo que es el populismo…En estos tiempos donde las ideas- pensamientos son la mayoría de las veces como esas nubes de “evolución diurna” que aparecen y desaparecen en el día; donde prolifera el enfrentamiento sobre el diálogo, la polémica sobre el análisis…La formación de una ciudadanía ilustrada es cada vez más difícil. Y sin embargo, sin un ciudadano formado críticamente la democracia se debilita. Tener ciudadanos formados y con pensamiento crítico no es una opción, es una urgencia. Es el mejor contrapoder.

Para todo ello necesitamos “desconectar” para poder estar en silencio y poder pensar, reflexionar y de esta forma poder contrastar nuestros puntos de vista con los de otros; poder dudar, cuestionar y no dar nada por sentado es positivo; y sobre todo aprender a cambiar de punto de vista si el del otro está más cerca de la verdad que el nuestro. El admitir estar equivocado no es un “delito” que se sepa.

Ante semejante panorama constatamos que es imposible seguir progresando sin mover las ideas. Necesitamos nuevas líneas de análisis que nos permitan abandonar los lugares comunes y ahondar en nuevas perspectivas estratégicas. A esto queremos contribuir con la puesta en marcha de este blog.

No queremos que este blog se convierta en una plataforma donde un grupo de personas, con más o menos buena formación, se den cita para producir cosas sin interés. Queremos que las distintas ideas y perspectivas que se expresen en este blog dialoguen entre sí y otras colaboren y cooperen.

Un blog de estas características debe estimular el análisis y no adoctrinar; debe añadir nuevos puntos de vista y no restarlos; debe hacernos desconfiar de todo lo que viene con el sello de “verdad”; debe hacernos cuestionar las cosas (no solo las de nuestros contrarios sino también las nuestras); debe ayudarnos a desenmascarar las mentiras y las falsedades que nos tratan de inculcar etc. No es un blog para “salvar a la humanidad” sino para tratar de entender y comprender un poco mejor este mundo complejo y cambiante. No queremos caer en la banalización ni en el amarillismo para llamar la atención o conseguir un titular, “es mejor descoser que rasgar”. Tampoco queremos decirle a la gente lo que tiene que pensar. Simplemente consideramos que si estos temas y esta problemática nos interesa, tal vez pudiera interesar a más personas.

Lo último que queremos hacer con el tema de los Servicios de Inteligencia es una vulgarización. Un Servicio de Inteligencia no se puede describir solo con los parámetros del cine, de la literatura o de determinadas noticias periodísticas, sino que exigen referencia a su sentido, a su misión, a lo que es y para qué sirve un Servicio de Inteligencia.

Nuestra tarea desde este blog es la de reflexionar desde todos los ámbitos y dimensiones con los que están relacionados tanto desde la práctica como desde la teoría, los Servicios de Inteligencia. Y para ello, nuestro reto es buscar nuevos ángulos y nuevas ventanas desde las que mirar y sobre todo otras formas no solo de responder sino de preguntar. Debemos partir de la pregunta: ¿qué existe y sucede en el mundo? Y ante este análisis no cabe otra pregunta que: ¿qué hacer?

El sentido de lo posible es la actitud que nos anima.